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LA REVOLUCIÓN

DEL PERGAMINO

EL LIBRO: PUENTE PARA CONECTAR GENERACIONES

 

Por Joaquín Fernández Ballester

Editor jefe de Editorial Alejandría

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LA REVOLUCIÓN

DEL PERGAMINO

EL LIBRO: PUENTE PARA CONECTAR GENERACIONES

 

Por Joaquín Fernández Ballester

Editor jefe de Editorial Alejandría

 

En las primeras entregas de esta serie nos referimos al nacimiento de la escritura y su impacto en la historia de la humanidad. Vimos cómo el ingenio humano transformó símbolos primitivos en sistemas estructurados como el cuneiforme, los jeroglíficos egipcios y los ideogramas chinos hasta llegar al alfabeto fenicio, que revolucionó el acceso al poder de la palabra escrita.

Del papiro al pergamino
El papiro permaneció durante siglos como el material predilecto para la escritura, por su ligereza y facilidad de uso. Sin embargo, su fragilidad, vulnerabilidad a la humedad y la producción limitada a las riberas del río Nilo hicieron que, con el tiempo, fuera sustituido por un soporte más resistente: el pergamino, un material durable que no solo prolongó la vida de los textos, sino que hizo posible el nacimiento del códice, transformando para siempre la manera de preservar y transmitir el conocimiento.

Elaborado a partir de pieles de oveja, cabra o ternero, el pergamino ofrecía una superficie versátil, capaz de ser escrita por ambas caras, lo que optimizaba el espacio y garantizaba mayor durabilidad. En el mundo romano, el códice, formado por hojas de pergamino encuadernadas, se impuso rápidamente sobre el rollo. Su formato compacto y manejable facilitaba la consulta, permitía organizar mejor el contenido y ofrecía mayor resistencia al uso continuo.

Imagina a un lector romano hojeando por primera vez un códice: ya no necesitaba desenrollar metros de papiro, sino que podía abrir el libro en la página exacta, pasar hojas con facilidad y regresar a un pasaje anterior en segundos. Ese gesto cotidiano, que hoy damos por sentado, abrió un nuevo capítulo en la historia del libro.

Con su diseño innovador, el códice predominó durante quince siglos, hasta que Gutenberg, desde su modesta imprenta en Maguncia, inauguró la era del libro impreso.

La influencia del cristianismo
El auge del cristianismo desempeñó un papel clave en la consolidación del códice en Occidente. A diferencia de otras tradiciones que preservaban sus textos en rollos, los cristianos adoptaron este formato para compilar las escrituras sagradas, pues permitía una consulta más ágil y facilitaba la recopilación de varios libros en un solo volumen. Además de su practicidad, el códice adquirió un carácter solemne y distintivo.

La Biblia se convirtió en el texto más copiado y difundido. La necesidad de contar con ejemplares en todas las iglesias impulsó la producción y estimuló el aprendizaje de la lectura y la escritura. Sin embargo, no era solo una cuestión de cantidad. Estos libros, considerados sagrados y preciosos, eran tratados con reverencia y resguardados en bibliotecas monásticas, donde se les protegía como verdaderos tesoros del saber.

En nuestra próxima entrega recorreremos los oscuros claustros de la abadía benedictina donde Umberto Eco ambienta su novela El nombre de la rosa: un mundo de tinta y misterio en el que los libros encarnan el poder del conocimiento. También hablaremos de la belleza del libro medieval, elaborado a mano, donde cada ejemplar era encuadernado como una auténtica obra de arte, por ser una joya que debía perdurar. 

Te invitamos a ver:

El libro medieval: joya e instrumento de poder

5. El libro medieval: joya e instrumento de poder